Adiós a Beatriz de Moura: la mujer que apostó por Kundera cuando nadie lo conocía
La fundadora de Tusquets Editores falleció en Barcelona a los 86 años. Editora de Duras, Kundera, Aramburu y Cristina Fernández Cubas, su criterio definió la literatura en lengua española de las últimas décadas.
Una mujer que cambió el mapa editorial en español
El mundo de las letras en habla hispana despide a una de sus figuras más determinantes del último medio siglo. Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets Editores, falleció en Barcelona a los 86 años, según confirmaron fuentes de la propia editorial. Su partida cierra un capítulo irrepetible en la historia del libro en lengua española.
De Moura no fue simplemente una editora: fue una cazadora de talentos, una mujer de instinto casi infalible que detectó cuáles voces merecían cruzar fronteras y llegar a millones de lectores. Nacida en 1939, atravesó el franquismo, la transición y la globalización sin perder una cualidad rara en el oficio: la certeza de que un buen libro siempre encontraría su público si alguien lo defendía con convicción.
Un catálogo que es una constelación
El sello que fundó junto a Antonio López Lamadrid en 1969 se convirtió, bajo su conducción, en una suerte de santuario para autores que hoy son patrimonio común de la literatura contemporánea. La lista resulta vertiginosa:
- Marguerite Duras, cuya prosa despojada encontró en Tusquets una puerta de entrada definitiva al mercado hispanohablante.
- Milan Kundera, a quien De Moura publicó cuando el autor checo aún era un misterio por descubrir fuera de Francia.
- Cristina Fernández Cubas, referente del cuento español contemporáneo.
- Fernando Aramburu, autor de la monumental Patria, que sacudió la narrativa sobre el conflicto vasco.
Pero la lista no se agota ahí. En sus páginas crecieron también escritores como Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz Molina y un sinnúmero de voces que hallaron en Tusquets un lugar donde la calidad no se negociaba.
Una editora de su tiempo
Beatriz de Moura entendió antes que muchos que editar era, en el fondo, un acto de fe. Creía en los autores, en los lectores y en ese ritual casi sagrado de acompañar un manuscrito hasta convertirlo en libro. Su despacho en Barcelona fue durante décadas una especie de tribunal donde la única ley válida era la del texto bien escrito.
El anuncio de su muerte ha provocado reacciones inmediatas en el sector cultural. Editores, libreros y escritores la despiden con palabras que coinciden en lo mismo: se va una de las últimas grandes editoras de cabecera, de esas que leían todo lo que publicaban y discutían cada portada como si fuera propia.
El legado que permanece
Con De Moura desaparece también una forma de entender la edición que la era digital ha ido empujando hacia el recuerdo. Tusquets sigue activa, pero su fundadora dejó una huella que difícilmente se borrará del catálogo ni de la memoria de quienes aman los libros bien hechos.
Hoy, cuando un lector hispanohablante abre una novela de Kundera o un ensayo de Duras, conviene recordar que detrás de esa posibilidad hubo una mujer que apostó por ellos cuando todavía eran apuestas arriesgadas. Beatriz de Moura no solo publicó libros: construyó una manera de leer el mundo.