Al Aqsa bajo amenaza: el plan ultranacionalista que podría incendiar Medio Oriente
Un político israelí de extrema derecha revive el sueño de construir un tercer Templo judío sobre la Explanada de las Mezquitas. La propuesta rompe un pacto vigente desde hace décadas y amenaza con detonar una nueva espiral de violencia en Jerusalén.
En el corazón de Jerusalén late una herida abierta hace más de un milenio. La Explanada de las Mezquitas, conocida por los judíos como el Monte del Templo, vuelve a colocarse en el centro de una disputa que combina religión, política y nacionalismo militante. Y esta vez, las palabras de un político israelí han encendido todas las alarmas.
Un mensaje que sacude la diplomacia
Moshe Feiglin, figura conocida de la derecha nacionalista israelí, descendió del recinto tras participar en una oración junto a un grupo de fieles judíos. Frente a la prensa internacional, lanzó una declaración que resonó como un desafío frontal al statu quo que ha regulado el acceso al lugar desde 1967: anunció su intención de construir un nuevo y gigantesco Templo judío en el sitio que, durante casi mil cuatrocientos años, ha sido uno de los espacios más sagrados del islam.
Sus palabras no fueron un susurro. Fueron un acto político deliberado. Y lo más inquietante es que cada vez más voces dentro de la extrema derecha israelí las respaldan sin disimulo.
El lugar donde chocan dos mundos
La Explanada ocupa unas 35 hectáreas y está coronada por la inconfundible Cúpula Dorada del Domo de la Roca, visible a kilómetros de distancia. Para mil millones de musulmanes en el planeta, desde aquí el profeta Mahoma realizó su viaje nocturno y ascendió al cielo. El Corán lo nombra expresamente.
Durante décadas, un acuerdo no escrito ha funcionado como dique de contención:
- El lugar es administrado por Jordania a través del Waqf islámico.
- La oración musulmana es la única permitida dentro del recinto.
- Los visitantes no judíos pueden entrar, pero sin rezar.
Ese delicado equilibrio es el que Feiglin y sus aliados quieren romper.
¿Por qué importa a México y al mundo?
El conflicto en Jerusalén no es ajeno a América Latina. México ha sido históricamente un país que aboga por soluciones diplomáticas en foros multilaterales y ha mantenido una postura de respeto al derecho internacional. Cualquier escalada en este punto sensible podría:
- Reavivar una Intifada con repercusiones en comunidades musulmanas y judías de todo el mundo.
- Desestabilizar a Jordania, país clave custodio de los lugares santos islámicos y socio comercial de México.
- Provocar una crisis diplomática global en un momento donde Oriente Medio ya hierve por la guerra en Gaza y las tensiones con Irán.
El nacionalismo religioso como doctrina
Feiglin no es un actor marginal. Aunque no pertenece al gobierno actual, su movimiento representa a una facción creciente dentro de la sociedad israelí que considera que toda la tierra de Israel fue prometida por Dios y que, por tanto, no hay lugar para la división de soberanía en Jerusalén.
Lo que dice abiertamente este político es, en esencia, una negación del acuerdo que ha permitido —a duras penas— que musulmanes y judíos compartan la ciudad vieja sin que cada visita al lugar sagrado sea un detonante de violencia.
Una chispa en un polvorín
La historia demuestra que cuando el statu quo de los lugares santos se rompe, las consecuencias son impredecibles. En 2000, una visita del entonces líder opositor Ariel Sharón a la Explanada desató la Segunda Intifada. Hoy, las declaraciones de Feiglin y los intentos cada vez más frecuentes de grupos extremistas judíos de orar dentro del recinto dibujan un escenario preocupante.
Para el mundo musulmán, permitir la construcción de un tercer Templo judío implicaría la destrucción parcial —o total— de la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al Aqsa. Eso no es un asunto de negociación: es una línea roja que ningún gobierno, ningún líder religioso y ningún ciudadano de a pie está dispuesto a aceptar en silencio.
Desde México, la pregunta es inevitable: ¿qué papel pueden jugar los países que defienden el multilateralismo cuando los acuerdos que sostienen la paz son violados con descaro?