Antonelli arrasa en la F1 y deja a Checo Pérez en el sótano: la pesadilla mexicana que nadie pronosticó
El italiano de 18 años lidera con 171 puntos y manda en Mercedes. Lewis Hamilton, ya en Ferrari, es tercero. Mientras tanto, Sergio Pérez acumula cero unidades en Cadillac y la afición mexicana empieza a perder la paciencia.
Hay silencios que duelen más que cualquier declaración oficial. El Campeonato de Pilotos de la Fórmula 1 ya tiene un nombre que nadie esperaba en la cima: Andrea Kimi Antonelli, un italiano de 18 años que corre para Mercedes y que, con 171 puntos, 7 victorias y 7 podios, está reescribiendo los manuales de la categoría a base de talento puro y un coche que, simplemente, vuela.
La nueva realidad de la máxima categoría
Antonelli no solo lidera: domina. Su compañero de garage, George Russell, aparece como escolta con 131 puntos, confirmando que las flechas plateadas se han convertido en la escudería a vencer. Lewis Hamilton, ya vestido de rojo en Ferrari, ocupa el tercer escalón con 125 unidades, en lo que parece una etapa de transición para el siete veces campeón mundial.
McLaren, el equipo campeón reinante, aparece más atrás de lo habitual: Oscar Piastri (80) y Lando Norris (79) libran su propia batalla interna por el cuarto y quinto lugar. Charles Leclerc, con los mismos 79 puntos, mete presión como segundo piloto de Ferrari. Y Max Verstappen, tetracampeón del mundo, está séptimo con apenas 73 puntos, una cifra impensada hace apenas una temporada para el holandés, que atraviesa su peor arranque en años.
El dato que sacude a México
- Sergio "Checo" Pérez: 0 puntos, posición 21 de 22 en el campeonato.
- Cadillac, su nuevo equipo, suma cero en ambas plazas titulares.
- Valtteri Bottas, su compañero finlandés, también permanece en blanco.
De Guadalajara a la orilla del abismo
Para dimensionar lo que significa este cero, hay que recordar quién es Sergio Pérez. Tapatío de nacimiento, formado en la cantera del kartismo mexicano, debutante con Sauber en 2011, piloto de McLaren, Force India, Racing Point y Red Bull. Con la escudería austriaca ganó cuatro Grandes Premios y fue pieza clave en los títulos de constructores de 2022 y 2023. Un mexicano en la élite, un ejemplo para toda una generación que creció viéndolo subir al podio junto a Verstappen.
Que hoy aparezca último o penúltimo en cada carrera, sin sumar un solo punto a mitad de temporada, tiene una lectura doble: por un lado, el coche de Cadillac parece no estar a la altura de la parrilla; por el otro, en la F1 moderna, los resultados pesan más que la historia, y la paciencia de los patrocinadores y aficionados tiene fecha de caducidad.
"Checo nunca había quedado tan abajo. Ni siquiera en sus temporadas más duras con Sauber o McLaren. Lo que estamos viendo es algo inédito en su carrera", reconoce un analista de motorsport consultado por La Raíz.
Cadillac: la apuesta estadounidense que todavía no despega
El desembarco de Cadillac como undécimo equipo de la parrilla fue recibido con entusiasmo en México, justamente por la llegada de Pérez. La marca, respaldada por General Motors, prometió inversión a largo plazo y un proyecto serio. Sin embargo, los números reflejan una cruda realidad: cero puntos en el casillero, ritmos de carrera de últimos lugares y una curva de desarrollo que no logra cerrar la brecha con el resto.
En un deporte donde cada milésima de segundo cuesta millones, arrancar desde cero implica aceptar uno o dos años de aprendizaje doloroso. Eso lo saben en Maranello, en Brackley y en Woking. Pero el problema es que la F1 no perdura: las calificaciones, los podios y la publicidad asociada se cotizan al instante.
¿Qué viene para la afición mexicana?
El Gran Premio de México en el Autódromo Hermanos Rodríguez sigue siendo uno de los eventos más vibrantes del calendario, con tribunas que agotan boletos año tras año. Pero la fiesta en las gradas choca con la decepción de ver a su máximo representante fuera de los puntos. En redes, el hashtag #ChecoVuelve convive con críticas feroces hacia Cadillac y rumores de un cambio de alineación.
Mientras Antonelli se codea con los más grandes a los 18 años, Pérez enfrenta la prueba más dura de su vida deportiva: demostrar que todavía queda fútbol en el motor, o aceptar que el reloj de la F1, implacable, ya marcó su hora.