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Chacahua: el secreto selvático de Oaxaca entre lagunas, manglares y pueblos afromexicanos

A 80 kilómetros de Huatulco, el Parque Nacional Lagunas de Chacahua resguarda casi 15 mil hectáreas de manglares, tortugas, cocodrilos y comunidades afromexicanas. Un tesoro natural reconocido por la UNESCO que aún pocos viajeros descubren.

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Imagen editada: Chacahua: el secreto selvático de Oaxaca entre lagunas, manglares y pueblos afromexicanos
Imagen editada: Chacahua: el secreto selvático de Oaxaca entre lagunas, manglares y pueblos afromexicanos

Donde la selva conversa con el mar

En la franja costera del sur de Oaxaca, a unos 80 kilómetros de Bahías de Huatulco, se extiende un ecosistema que parece detenido en el tiempo. El Parque Nacional Lagunas de Chacahua, decretado como área protegida en 1937, es uno de los pulmones ecológicos más impresionantes del Pacífico mexicano y, al mismo tiempo, un destino que la mayoría de los viajeros aún no tiene en el radar.

Aquí, las horas se miden por las mareas, los cantos de las aves y el vaivén de las lanchas que se internan por canales rodeados de manglares. Son casi 14 mil 590 hectáreas donde conviven selvas bajas, palmares, dunas costeras y cinco cuerpos de agua interconectados: la Pastoría, el Cacalote, la Sanguijuela, el Saladero y el Escondido.

Un refugio para la vida silvestre

La biodiversidad de Chacahua le ha dado un lugar propio en el mapa mundial. En sus aguas y humedales anidan tortugas marinas, sobrevuelan más de 270 especies de aves —entre migratorias y residentes— y se resguardan animales como el cocodrilo de río, el jaguarundi y el mono araña. Esa riqueza le valió ser incorporado a la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO, un reconocimiento que muy pocos espacios naturales en México pueden presumir.

Qué hacer y qué ver

  • Paseos en lancha por los canales: la forma más auténtica de recorrer las lagunas, rodeado de manglares y con la posibilidad de observar aves, cocodrilos y, con algo de suerte, delfines cerca de la desembocadura.
  • Avistamiento de aves: fotógrafos y ornitólogos llegan desde distintos continentes buscando especies como la espátula rosada, el águila pescadora y los coloridos colibríes que habitan la selva.
  • Playa de Chacahua: una franja de arena dorada abierta al Pacífico, perfecta para caminar, nadar o simplemente contemplar atardeceres sin multitudes ni vendedores.
  • Pueblos afromexicanos: localidades como Chacahua, El Azufre y Cerro Hermoso conservan una identidad cultural única, producto del cruce entre raíces africanas, indígenas y españolas. Ahí, la cocina de mariscos y el son montuno son parte esencial de la experiencia.
  • Tour nocturno de bioluminiscencia: en ciertos meses del año, el agua de las lagunas se enciende con destellos azulados al remover las lanchas, un fenómeno natural poco conocido en México.

Cómo llegar y recomendaciones

Para visitar Chacahua conviene llegar primero a Puerto Escondido o a Huatulco y desde ahí tomar transporte hacia San Pedro Pochutla, donde salen lanchas hacia el parque. Lo más recomendable es quedarse al menos una noche en alguna cabaña rústica dentro de la zona para disfrutarlo sin prisas.

Se sugiere llevar repelente, protector solar biodegradable, ropa ligera y sombrero. Visitar entre noviembre y marzo ofrece climas más frescos y mayor presencia de aves migratorias, aunque el parque recibe visitantes todo el año.

Más que turismo: un compromiso compartido

El creciente flujo de visitantes ha abierto un debate necesario: cómo disfrutar de estos entornos sin destruirlos. Iniciativas locales de ecoturismo trabajan hombro a hombro con las comunidades para ofrecer experiencias de bajo impacto, donde el beneficio económico se queda en el poblado y la naturaleza se preserva para las siguientes generaciones.

Chacahua no es solo un destino en el mapa: es un recordatorio de que México aún guarda territorios donde la naturaleza marca el ritmo y el ser humano, con respeto, aprende a escucharla.

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