De la Espriella quiere convertir a Colombia en un Estado inteligente: ¿sueño futurista o promesa inflada?
El candidato ganador en Colombia, Abelardo de la Espriella, plantea una transformación tecnológica total del Estado con apoyo de EE UU e Israel. Expertos cuestionan la viabilidad y los riesgos de una apuesta que coloca a la IA como columna vertebral del gobierno.
Una nueva Colombia se escribe en código. Abelardo de la Espriella, quien se perfila como el próximo presidente del país sudamericano, sostiene que la inteligencia artificial no será solo una herramienta, sino el corazón mismo de su gobierno. Su proyecto, bautizado como Estado inteligente, promete reinventar la burocracia, la seguridad y los servicios públicos de la mano de gigantes tecnológicos de Estados Unidos e Israel.
¿Qué propone exactamente?
La visión que De la Espriella ha comenzado a desplegar suena directamente extraída de una serie de ciencia ficción: trámites ciudadanos resueltos en segundos por asistentes virtuales, algoritmos capaces de anticipar focos de criminalidad, infraestructura crítica administrada desde plataformas automatizadas y una administración pública donde gran parte de las decisiones rutinarias se ejecutarían sin intervención humana directa.
Para materializarlo, el candidato ha anunciado acuerdos de cooperación con empresas y gobiernos de dos potencias tecnológicas: Estados Unidos, cuna de los principales modelos de IA del mundo, e Israel, referente obligado en sistemas de vigilancia, defensa cibernética y datos biométricos. La idea, según su equipo, es que Colombia deje de ser un país que importa tecnología para convertirse en uno que la produce y la gobierna.
Las dudas que pesan
- Infraestructura insuficiente. Colombia arrastra déficits históricos en conectividad rural, energía confiable y centros de datos propios. Un Estado inteligente requiere primero un Estado conectado, y ese piso aún no existe en buena parte del territorio.
- Vigilancia y derechos digitales. Los modelos utilizados por las potencias mencionadas han sido criticados repetidamente por sesgos raciales, falsos positivos y opacidad algorítmica. Implantarlos sin salvaguardas locales podría amplificar discriminaciones ya existentes.
- Dependencia tecnológica. Construir un Estado sobre infraestructura, software y talento extranjero plantea un dilema geopolítico: ¿quién controla realmente las entrañas del país cuando las apaga un proveedor externo?
- Capital humano. La propuesta exige miles de ingenieros, científicos de datos, éticos y auditores que Colombia todavía no forma al ritmo necesario.
El especialista consultado por WIRED en español advierte que el discurso de De la Espriella mezcla marketing político con una promesa que, aun siendo atractiva, carece hasta ahora de una hoja de ruta técnica verificable, cronograma ni presupuesto detallado.
Más allá del titular
Hay algo genuinamente novedoso en colocar a la inteligencia artificial en el centro del debate político latinoamericano, en lugar de tratarla como un asunto exclusivamente de empresas privadas. También hay algo profundamente peligroso en prometer soluciones totales a problemas estructurales usando una tecnología que sigue mostrando fallas en democracias con muchos más recursos.
De la Espriella hereda una expectativa enorme y un país cansado de promesas incumplidas. Si el Estado inteligente termina siendo solo un eslogan de campaña, la decepción será tecnológica y política a la vez. Y si llega a implementarse sin los controles adecuados, el costo lo pagará la ciudadanía más vulnerable, aquella cuya voz rara vez alimenta los datos que entrenan a los algoritmos.
Colombia observa. Y esta vez, espera algo más que un buen titular.