La Raíz.

Después de 40 años en un cajón, hallan el primer hueso de dinosaurio en la Antártida

Un fósil olvidado por cuatro décadas en un cajón de Cambridge resultó ser la primera vértebra de dinosaurio encontrada en la Antártida: pertenece a un titanosaurio que vivió cuando el continente blanco era un bosque cálido.

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Imagen editada: Después de 40 años en un cajón, hallan el primer hueso de dinosaurio en la Antártida
Imagen editada: Después de 40 años en un cajón, hallan el primer hueso de dinosaurio en la Antártida

Un hallazgo que reescribe la historia del continente blanco

Cuarenta años durmió el silencio dentro de un cajón de archivos en Cambridge, Inglaterra. Un fósil que nadie supo identificar en su momento se convirtió, sin hacer ruido, en una de las piezas más valiosas para entender la vida prehistórica en la Antártida.

Científicos de la British Antarctic Survey confirmaron que se trata del primer hueso de dinosaurio jamás recuperado en aquel continente: una vértebra de la cola de un titanosaurio, el grupo que albergó a los animales terrestres más gigantescos que han caminado sobre la Tierra.

Del cajón al laboratorio

La historia parece sacada de una novela. En diciembre de 1985, el geólogo Mike Thomson excavó en la isla James Ross, una masa de tierra azotada por el viento al norte de la Península Antártica. Encontró algo peculiar, lo dibujó con pulcritud en su cuaderno de campo y escribió, junto al boceto, una sola palabra: «vértebra». Después, el fósil viajó miles de kilómetros hasta Inglaterra, donde quedó archivado entre miles de especímenes sin que nadie le dedicara más atención.

Cuatro décadas después, el doctor Mark Evans, administrador de la colección, decidió hacer lo que pocos hacen: revolver los cajones olvidados.

«A veces empiezas a preguntarte qué habrá en ese cajón, y de pronto algo te sorprende y piensas: esto se ve realmente interesante», contó Evans.

Lo que encontró cambió para siempre la paleontología antártica.

¿Qué nos dice este fósil?

El hueso pertenece a un titanosaurio, un dinosaurio herbívoro de cuello larguísimo que dominó los ecosistemas del Cretácico tardío, hace entre 70 y 100 millones de años. En aquella época remota, la Antártida no era el desierto helado que hoy conocemos:

  • Estaba cubierta por bosques densos y templados.
  • Su clima era cálido y húmedo, muy distinto al actual.
  • Compartía territorio con reptiles, anfibios y mamíferos primitivos.

Este descubrimiento no solo confirma la presencia de aquellos colosos en el extremo sur del planeta, también abre una ventana para investigar cómo lograron prosperar en condiciones tan diferentes a las que solemos asociar con ellos.

Un continente que aún guarda secretos

La Antártida es, por razones climáticas y logísticas evidentes, una de las regiones menos exploradas del mundo en materia paleontológica. Cada fósil que emerge de su suelo congelado es una pieza invaluable para reconstruir un rompecabezas que sigue incompleto.

Investigadores coinciden en que este hallazgo es apenas la punta del iceberg: si un hueso olvidado durante cuatro décadas pudo cambiar lo que creíamos saber, ¿cuántos secretos más aguardan en los archivos polvorientos y en el permafrost antártico?

La próxima vez que abras un cajón viejo, recuerda: la historia a veces solo espera a que alguien se digne a mirar de nuevo.

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