La Raíz.

El disfraz de lentejuelas que un adolescente venezolano escondió para ensayar y nunca usó

Tras los sismos del 24 de junio en Venezuela, María Lourdes Pérez busca entre los escombros a su hijo Gonzalo, de 16 años, desaparecido mientras ensayaba una coreografía de Michael Jackson. La familia denuncia que el operativo oficial de búsqueda es prácticamente nulo.

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Imagen editada: El disfraz de lentejuelas que un adolescente venezolano escondió para ensayar y nunca usó
Imagen editada: El disfraz de lentejuelas que un adolescente venezolano escondió para ensayar y nunca usó

En una de las localidades más golpeadas por los sismos del 24 de junio, María Lourdes Pérez recorre las calles destruidas con una sola cosa entre las manos: una fotografía impresa de su hijo Gonzalo. Tiene 16 años y desapareció mientras ensayaba una coreografía de Michael Jackson para la clausura de su preparatoria.

María Lourdes, de 46 años, había reconstruido su vida entera alrededor de sus dos hijos. Volver a ser madre pasados los 40 fue, según confiesa, la decisión más importante de su vida. Santiago, el mayor, hoy de 21, se había vuelto su compañero inseparable. Le ayudaba en lo que se ofreciera, desde los pendientes del hogar hasta las largas jornadas de trabajo. Gonzalo, el menor, era todo lo contrario: un joven sociable al que le costaba decir que no a cualquier plan que le propusieran sus amigos.

El disfraz guardado a escondidas

Semanas antes del temblor, una costurera del barrio terminó el atuendo que María Lourdes le había encargado a Gonzalo para su número de fin de curso: lentejuelas, chaqueta brillante y guantes, el clásico uniforme del Rey del Pop. La madre le había prohibido usarlo antes del gran día, para que llegara impecable al escenario. Era un pacto que habían repetido año tras año, en cada festival escolar.

Aquel 24 de junio, el adolescente rompió la promesa. Llevó la ropa escondida dentro de su mochila. Quería que el ensayo con sus amigas quedara perfecto. Quería que el impacto fuera total el día de la función.

Cuando tembló la tierra

El movimiento telúrico sorprendió a Gonzalo y al grupo de jóvenes en plena práctica. Desde ese momento, María Lourdes no volvió a saber de él. Junto con otros padres, sigue peinando los escombros casi sin respaldo de las autoridades, según denuncian los propios afectados.

Los sismos del 24 de junio dejaron una huella profunda en el centro y occidente de Venezuela. Edificios derrumbados, vialidad partida y comunidades enteras que tuvieron que organizarse por su cuenta para sacar tanto a sus muertos como a los sobrevivientes.

Una espera que no se apaga

Cada jornada, María Lourdes regresa a las zonas colapsadas con la esperanza de encontrar cualquier cosa: una prenda, un objeto personal, una señal. Santiago, el hermano mayor, se ha convertido en su único sostén emocional. La familia no cuenta con maquinaria pesada ni con un operativo gubernamental digno, así que excava con lo que tiene a la mano, literalmente.

  • Gonzalo cursaba el último grado de bachillerato y soñaba con debutar con un espectáculo al estilo Michael Jackson.
  • El disfraz de lentejuelas que cargaba ese día es, hoy por hoy, la pista más concreta con la que cuenta su madre.
  • Madres y padres organizados exigen a las autoridades un plan formal de búsqueda y rescate.

La historia de María Lourdes se replica en decenas de hogares venezolanos. Mientras las cámaras del mundo voltean a otros conflictos, estas familias siguen escarbando entre los restos, aferradas a una esperanza tozuda que se niega a rendirse.

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