La Raíz.

La cancha le quitó la razón a los que odian: los migrantes también hacen grande a un país

Mientras la retórica antiinmigrante alimenta discursos de exclusión, el futbol ha sido durante décadas el escenario donde los extranjeros no solo son bienvenidos: son protagonistas de las hazañas más memorables.

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Imagen editada: La cancha le quitó la razón a los que odian: los migrantes también hacen grande a un país
Imagen editada: La cancha le quitó la razón a los que odian: los migrantes también hacen grande a un país

Hay una mentira que se repite en cada ciclo electoral, en cada sobremesa y en cada transmisión de noticias con rostro severo: la idea de que quien llega de afuera le quita algo a quien ya estaba. La narrativa del移民 —perdón, del migrante— como amenaza se sostiene sobre una premisa tan gastada como falsa. Y resulta que el deporte más popular del planeta lleva casi un siglo demostrando lo contrario, gol tras gol, copa tras copa.

El Mundial de Qatar no fue la excepción. Fue, otra vez, la prueba. La selección campeona, Argentina, contó en sus filas con jugadores nacidos o formados fuera del país de la Albiceleste. Francia, subcampeona, presume un once inicial que difícilmente cabría en una sola nacionalidad. Y así, torneo tras torneo, los equipos que se alzan con el trofeo son, casi sin excepción, ensambles de orígenes múltiples. La diversidad no debilita. La diversidad gana.

El falso dilema entre identidad y apertura

El discurso que pinta al migrante como invasor necesita de un enemigo inventado. Necesita que creamos que una nación se resume a un color de piel, a un acento o a un documento. Pero las selecciones que nos han hecho llorar de alegría —la España de la iniciativa, la Alemania del mediocampo multicultural, la propia México con sus refuerzosnaturalizados— cuentan otra historia: la de equipos donde nadie preguntó de dónde venía el compañero antes de pedirle que defendiera la misma playera.

  • El futbol ha roto récords cuando más multiculturales han sido sus planteles.
  • Las grandes gestas mundialistas nacen de la mezcla, no de la pureza inventada.
  • Los grandes ídolos deportivos rara vez se ajustan al perfil del "nativo de toda la vida".

México lo vive en carne propia. Cada vez que un jugador con raíces lejanas se enfunda el trikitrakitransforma el estadio en un solo grito. No se le pregunta su árbol genealógico cuando mete el gol que vale un campeonato. Se le aplaude. Se le quiere. Se le asume nuestro.

La política contra la evidencia

Entonces, ¿por qué insistimos en el discurso del miedo? Porque ese discurso sirve a quien necesita dividir para gobernar. Porque el miedo al otro es una de las herramientas más viejas del poder: convierte a vecinos en sospechosos, a trabajadores en competidores, a seres humanos en cifras alarmantes. Y mientras la cancha grita lo contrario, en los pódiums, en las transmisiones, en los murales que pintan los niños en las banquetas, hay voces que siguen empeñadas en cerrar la puerta.

El futbol, con su lenguaje universal, ha sido durante décadas el traductor de una verdad incómoda para los nacionalismos deMODA: que las naciones se hacen grandes cuando se atreven a ser más grandes que sí mismas. Que ningún país, ningún equipo, ninguna comunidad ha alcanzado la gloria encerrándose.

Quizá la próxima vez que alguien intente convencerte de que los que vienen de afuera son el problema, le puedas recordar que el último campeón del mundo también era, en gran parte, de afuera. Y que ganó.

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