La ocurrencia de Trump con Ormuz duró un día: el atolladero de EE.UU. en la guerra con Irán
El peaje del 20% que Trump quiso imponer a todo barco en el estrecho de Ormuz —incluidos aliados— fue retirado en menos de 24 horas. El episodio revela a una Casa Blanca atrapada en un conflicto de cuatro meses sin salida negociada.
Donald Trump volvió a quedar atrapado en sus propias prisas. La última ocurrencia del presidente estadounidense en el frente iraní —imponer un peaje del 20% a cualquier barco que cruzara el estrecho de Ormuz, incluidos los de países aliados de Washington— duró exactamente lo que un suspiro: poco más de 24 horas antes de ser archivada por completo.
El episodio, más allá del papelón diplomático, deja al descubierto la magnitud del problema en el que se ha metido la Casa Blanca: una guerra abierta con Irán que ya rebasó los cuatro meses sin una salida clara a la vista.
Del peaje al "acuerdo comercial" en un abrir y cerrar de ojos
Todo arrancó el lunes por la mañana, cuando el magnate neoyorquino anunció en sus redes la reanudación del bloqueo naval a embarcaciones iraníes. Como parte del paquete, lanzó la idea de que cualquier nave debía pagar un veinte por ciento del valor de su carga como reembolso por los supuestos gastos de "seguridad" en esa zona del mundo. La reacción internacional fue inmediata y adversa. Para el martes, la propuesta había sido enterrada y en su lugar apareció otra completamente distinta: Estados Unidos ofrecería "acuerdos comerciales y de inversión" a sus socios del Golfo a cambio de garantizarles el tránsito seguro por el corredor. Una reinvención completa en menos de un día que habla más de improvisación que de estrategia.
Una guerra que no encuentra puerta de salida
El conflicto ya cumplió cuatro meses. Hace apenas uno se firmó un memorando de entendimiento que prometía un alto al fuego temporal y un marco para negociar la paz. Nada de eso prosperó. Hoy, las hostilidades siguen latentes y la posibilidad de un nuevo ciclo de violencia se siente más cerca que nunca.
Trump enfrenta al menos tres fuerzas que empujan en su contra:
- Una opinión pública estadounidense crecientemente escéptica de aventuras militares en Medio Oriente
- El alza inevitable en los precios de la gasolina y el petróleo a nivel global
- El riesgo real de que tropas norteamericanas y aliadas vuelvan a ser blanco de represalias iraníes
El dilema del "yo gano, ellos pierden"
Lo que está en juego para el republicano no es únicamente el frente bélico: está su imagen de negociador invicto. Trump construyó su retorno a la Casa Blanca presumiendo que podía cerrar cualquier conflicto en 24 horas. Lleva más de 120 días sin lograrlo y, según analistas, la sola idea de firmar un acuerdo que parezca menos ventajoso que el del gobierno de Barack Obama se le atraganta.
El mínimo aceptable, según esa lógica, sería arrancar concesiones tan leoninas que compensen cualquier lectura de debilidad. El problema es que Teherán no está dispuesto a firmar una rendición.
Peajes, bloqueos y viralidad: el método Trump
El patrón se repite: anuncio bombástico, reacciones globales, marcha atrás exprés. Lo vimos con aranceles, con amenazas a Canadá y Groenlandia. El estrecho de Ormuz —por donde circula casi un tercio del crudo marítimo mundial— se suma ahora a la lista.
Mientras tanto, el planeta petrolero contiene el aliento. Cualquier decisión errática —sea peaje, bloqueo o acuerdo relámpago— tiene repercusiones en el precio de la gasolina que paga un repartidor en la Ciudad de México, un conductor en Madrid o un ama de casa en Yakarta. Las próximas semanas serán decisivas. Si Trump no encuentra una fórmula que pueda vender como victoria, el conflicto amenaza con enquistarse o escalar. Y el peaje de Ormuz quizá haya sido apenas el ensayo general de algo más serio.