Supergirl llega con la heroína perfecta para un guion que se queda corto
La nueva apuesta del DC Universe entrega a Milly Alcock como una Kara magnética, pero el libreto no alcanza la altura de su protagonista. Crítica de un filme que promete más de lo que termina cumpliendo.
El nuevo Universo DC se juega su segunda carta y lo hace con una protagonista que tiene todo para enamorar, pero con un libreto que no termina de estar a la altura. La Supergirl firmada por James Gunn y Peter Safran aterriza en las salas mexicanas cargando una expectativa enorme: sostener el envión que Superman dejó el año pasado.
El problema no es Milly Alcock. El problema es todo lo que la rodea.
Una heroína con hambre de universo
La cinta acompaña a Kara durante la semana de su cumpleaños, ese ritual íntimo que la distingue de su primo Clark Kent. Mientras Superman echó raíces en la Tierra y construyó una vida casi ordenada, Kara sigue siendo nómada interestelar. Recorre planeta tras planeta en busca de soles rojos, esos astros que le quitan los poderes y le permiten embriagarse, bailar y sentirse una veinteañera más por unas horas.
Es ahí, en uno de esos mundos olvidados por la galaxia, donde la trama cambia para siempre. Aparece Krem de las Colinas Amarillas, un villano tan brutal como su estética, junto a su banda de forajidos. Masacran a la familia de una chica llamada Ruthye, quien jura venganza sin pensarlo dos veces. Kara carga su propia cuenta pendiente con el antagonista y, aunque a regañadientes, se suma a esa cruzada con una compañera de ruta inesperada.
Alcock: el verdadero motor de la película
La actriz australiana se adueña del papel como si llevara cargando la capa roja toda la vida. Quienes la recordamos apenas como una presencia breve en la escena post-créditos de Superman ya intuíamos que algo grande venía. Aquí lo confirma con creces.
Milly Alcock no interpreta a Kara, la habita. Lejos de las versiones solemnes que le precedieron, esta superheroína es desorden, risa fuera de lugar y pura contradicción. Hay una herida profunda debajo de la fachada festiva, y la actriz la deja asomar sin necesidad de grandes discursos. Le basta una mirada cómplice para dibujar capas que ninguna otra Supergirl en pantalla había mostrado.
- Carisma arrollador en cada secuencia
- Conexión inmediata con el público que creció leyendo historietas
- Una versión radicalmente distinta a las que encabezaron Helen Slater y Melissa Benoist
Lo que no alcanza a despegar
A pesar de la actuación estelar, la cinta tropieza en el ritmo y en la construcción de su villano. Hay secuencias que prometen emoción intergaláctica y terminan convertidas en fuegos artificiales vacíos. Krem luce imponente en pantalla, pero carece de la profundidad que merece un conflicto de esta escala. La relación entre Kara y Ruthye tampoco encuentra su cauce emocional hasta bien entrado el metraje.
¿Vale la pena pagar el boleto? Sí, por Alcock. La cinta se sostiene sobre sus hombros como pocos blockbusters recientes lo han logrado. Quien acuda al cine buscando una heroína con humor ácido y vulnerabilidad real saldrá satisfecho. Quien espere un libreto a la altura del reinicio de Superman, regresará a casa con la sensación de que el DCU todavía está aprendiendo a volar.
Supergirl no fracasa, pero tampoco despega. Es, en el mejor sentido de la palabra, un aterrizaje forzoso.