Waymo vuelve a fallar en zonas de obras: ¿se acabó el sueño del robotaxi?
Los robotaxis de Google en EU sufren tropiezos en zonas de construcción, desnudando los límites de la conducción autónoma y reavivando el debate sobre su seguridad vial.
Imagina subirte a un taxi sin conductor y que, de pronto, el vehículo se quede petrificado en medio de una obra, sin saber si avanzar, frenar o dar la vuelta. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con los robotaxis de Waymo en ciudades de Estados Unidos, y el episodio más reciente vuelve a poner en entredicho la promesa de la conducción 100% autónoma.
El fantasma de las obras
Un nuevo reporte de campo revela que los vehículos sin conductor de Waymo —la filial de Alphabet, matriz de Google— se siguen atragantando cuando se topan con conos, vallas, desvíos provisionales y asfalto recién pintado. Conductores y transeúntes han documentado frenadas bruscas, paradas inesperadas y maniobras erráticas que, en el mejor de los casos, solo generan embotellamientos; en el peor, riesgos reales para los ocupantes y para quienes circulan a su alrededor.
El problema no es menor. En Estados Unidos ya operan flotas comerciales de robotaxis en Phoenix, San Francisco, Los Ángeles y, desde hace unas semanas, en Atlanta. Cada nueva ciudad es, también, un nuevo laboratorio a cielo abierto donde la tecnología se prueba con pasajeros de pago.
Por qué fallan
Los ingenieros lo explican con crudeza: las zonas en obras son el escenario más difícil para un sistema de inteligencia artificial porque:
- Cambian la geometría de la vía de un día para otro, borrando las referencias que el auto aprendió.
- Los conos y las señales temporales no siempre siguen los estándares que la IA reconoce.
- Hay trabajadores a pie moviéndose en patrones impredecibles, algo que ningún algoritmo domina del todo.
- La pintura fresca y los desvíos confunden a los sensores lidar y a las cámaras.
En una ciudad como Atlanta, donde las obras son pan de cada día, esos puntos ciegos se multiplican hasta volverlos evidentes.
¿Y México qué?
Aunque aquí todavía no circulan robotaxis comerciales, el debate importa. La Ciudad de México es, posiblemente, la urbe más caótica del mundo para un vehículo autónomo: baches, topes improvisados, manifestaciones, ciclovías mal delimitadas y obras eternas. Si Waymo no puede con un desvío en Atlanta, ¿qué haría en Insurgentes un lunes a las ocho de la noche?
Empresas chinas como Geely y gigantes como Tesla, cuyo sistema FSD acaba de ser autorizado en Holanda, presionan para acelerar la transición. Pero cada tropiezo de Waymo es un recordatorio incómodo: la autonomía total no es cuestión de meses, sino de resolver problemas profundamente humanos como el caos urbano.
La otra cara de la moneda
No todo es mala noticia. Los mismos reportes reconocen que los robotaxis no se han visto involucrados en accidentes graves en estos episodios; su reacción ha sido, sobre todo, conservadora: frenar y detenerse. Eso es preferible a un volantazo arriesgado, aunque genere filas de cláxones detrás.
La lección, mientras tanto, es clara. El futuro sin conductor no llegará de golpe, ni con un anuncio de marketing. Llegará —si llega— taco a taco, obra por obra, ciudad por ciudad. Y mientras tanto, el volante humano, con todos sus defectos, sigue siendo, por ahora, el más confiable de los copilotos.