La Raíz.

Bajo el Centro Histórico late Tenochtitlán: INAH abre al público sus tesoros ocultos

Por primera vez, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y la cancha de juego de pelota de Tenochtitlán abren al público general. Los recorridos, debajo del Hotel Catedral, estarán disponibles solo hasta el 19 de julio, en el marco del Mundial.

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Imagen editada: Bajo el Centro Histórico late Tenochtitlán: INAH abre al público sus tesoros ocultos
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Lo que la tierra guardó por siglos

Bajo el subsuelo del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde hoy se levantan edificios coloniales y hoteles contemporáneos, duerme una ciudad que nunca terminó de morir del todo: Tenochtitlán. Y por primera vez, una parte de ese mundo enterrado se abre al público general. No a arqueólogos ni a investigadores: a ti, a quien camina por la calle sin imaginar lo que tiene debajo de los pies.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Museo del Templo Mayor habilitaron recorridos guiados por el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y por la cancha de juego de pelota de Tenochtitlán, dos hallazgos recientes que durante años permanecieron casi en secreto. La ventana para visitarlos es breve: estará abierta solo hasta el 19 de julio, como parte de las actividades culturales que la Secretaría de Cultural preparó para el Mundial.

Un descubrimiento que sigue vivo

El templo del dios del viento y la cancha de pelota no salieron a la luz por casualidad. Aparecieron en 2010 y 2014, respectivamente, cuando las obras de remodelación del Hotel Catedral, en la calle de República de Guatemala, dejaron al descubierto muros, escalinatas y ofrendas que habían permanecido ocultas durante más de cinco siglos.

Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo del Templo Mayor, lo explica con una frase que emociona: “Es un espacio excepcional que no se ha terminado de investigar. Los arqueólogos siguen en excavación. Pero en el contexto de la Ciudad de México como sede mundialista, la Secretaría de Cultura nos dio la instrucción de generar actividades que acompañaran este evento. Y no hay nada mejor que mostrar estos espacios donde se realizaban antiguas prácticas rituales que tienen parecido con el futbol”.

Cómo es la experiencia

El descenso es parte del ritual. Para llegar a los vestigios hay que bajar por unas largas escaleras hasta una plataforma de madera con barandales que divide dos zonas del antiguo Recinto Sagrado: el Templo de Ehécatl y la cancha de juego de pelota. En el templo, una serpiente emplumada enroscada marca la entrada a un recinto donde el aire parece más quieto, más antiguo.

La cancha, por su parte, es uno de los pocos ejemplos de este tipo de estructura ceremonial que se conservan en el corazón de la capital. Aquí, hace más de quinientos años, se jugaba un partido que era mucho más que deporte: era un ruego a los dioses, una metáfora cósmica del día y la noche, de la vida y la muerte.

El Mundial como pretexto

Que la Copa del Mundo haya servido como detonador para abrir estos espacios resulta, cuando menos, hermoso. Mientras millones de ojos miran un balón rodar en estadios modernos, unas cuantas decenas de visitantes podrán ver cómo, bajo sus pies, hace cinco siglos otro balón —hecho de hule y a veces de cráneo humano— rodaba con otro significado, con otra gravedad, ante dioses que exigían tributo.

  • Qué: Recorridos guiados por el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y la cancha de juego de pelota.
  • Dónde: Bajo el Hotel Catedral, calle República de Guatemala, Centro Histórico de CDMX.
  • Cuándo: Hasta el 19 de julio de 2026.
  • Costo: A consultar en el Museo del Templo Mayor.
  • Reserva: Directamente en el museo; los cupos son limitados.

Una ciudad que se piensa a sí misma desde sus capas —la mexica, la colonial, la moderna— está convidándote a conocer una de sus capas más hondas. No suele pasar. Y cuando pasa, suele durar poco.

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