De la carretera a los pasillos de la UNAM: Epi, la perrita que acompaña a víctimas de violencia
Rescatada en Michoacán y bautizada como el municipio que la vio por primera vez, Epi hoy forma parte del Área de Género de la Defensoría de la UNAM. Su misión: ser el abrazo incondicional para víctimas de violencia.
Una lomito con causa
Hay historias que empiezan en el peor lugar imaginable —a la orilla de una carretera, sola, con el futuro incierto— y terminan transformando la vida de cientos de personas. Esta es una de esas historias.
En algún camino polvoriento de Epitacio Huerta, Michoacán, una cachorra perdida esperaba sin saberlo el inicio de su nueva vida. Una mujer llamada Samantha Rivera, abogada de la Defensoría de los Derechos Universitarios, Igualdad y Atención de la Violencia de Género de la UNAM, la encontró y la nombró Epi, en honor al municipio que la vio por primera vez.
Lo que nadie imaginaba entonces es que esa pequeña rescatada se convertiría, años después, en el apoyo emocional más cálido que víctimas de violencia de género en la máxima casa de estudios han recibido en mucho tiempo.
De la indefensión al acompañamiento
Epi no llegó por casualidad a la UNAM. La Defensoría buscaba nuevas herramientas para fortalecer la atención a víctimas, e incorporó la idea de un animal de apoyo emocional dentro de su modelo multidisciplinario. Samantha lo explica sin rodeos: la violencia de género deja cicatrices que no siempre se atienden con palabras, y un animal especialmente preparado podía marcar una diferencia real.
Y Epi reunía todo lo necesario. Era sociable, intuitiva y capaz de percibir el estado emocional de las personas que tenía enfrente. Tras un proceso serio de evaluación y entrenamiento, hoy recorre los pasillos universitarios con una encomienda clara: acompañar a quien lo necesite, justo en los momentos más difíciles.
Cómo se teje este acompañamiento
Cuando una víctima de violencia de género llega a la Defensoría, el camino comienza con el área de trabajo social. Si la persona decide formalizar su queja, recibe acompañamiento jurídico y psicológico. Y ahí, entre abogados, psicólogas y trabajadores sociales, aparece Epi: lista para regalar una caricia, un hocico húmedo o, simplemente, presencia silenciosa.
- Origen: encontrada en Epitacio Huerta, Michoacán.
- Nombre: en honor al municipio que la vio por primera vez.
- Entrenamiento: proceso formal para animal de apoyo emocional.
- Función actual: acompaña a víctimas dentro del Área de Género de la UNAM.
- Cuidadora: Samantha Rivera, abogada de la Defensoría.
Una política universitaria que pone en el centro a las víctimas
El caso de Epi no es solo una historia enternecedora. Detrás hay una decisión institucional que vale la pena destacar: la UNAM eligió sumar recursos no convencionales para atender un problema tan complejo como la violencia de género. En un país donde cada día más personas alzan la voz, que una universidad pública apueste por la dignidad de sus víctimas envía una señal potente.
Hoy Epi es más que una mascota. Es un recordatorio andante de que la empatía también se construye, y a veces tiene cuatro patas, cola inquieta y un olfato afinado para detectar el dolor ajeno.