El día que Chihuahua tenía solo dos autos… y aun así se estrellaron
Hace más de un siglo, en la capital de Chihuahua apenas circulaban dos automóviles. Contra toda probabilidad, ambos terminaron por encontrarse en la misma calle y protagonizaron el primer accidente vial registrado en la ciudad. Esta es la increíble anécdota.
Hay relatos que parecen demasiado absurdos para ser ciertos, hasta que la historia los rescata del olvido. Hace poco más de cien años, en pleno corazón de Chihuahua, sucedió un episodio que hoy suena a broma del destino: el primer choque entre automóviles que registran las crónicas ocurrió cuando en toda la ciudad existían apenas dos vehículos.
Para entender lo surrealista del asunto conviene retroceder a la época. A comienzos del siglo XX, trasladarse por las calles chihuahuenses significaba montar a caballo, subirse a un carruaje o simplemente caminar. El coche era una rareza mecánica reservada para fortunas considerables. Cada vez que uno de esos artefactos se asomaba por la avenida principal, los vecinos salían a las banquetas como quien observa un desfile.
Los dueños de la exclusiva
De acuerdo con archivos consultados por El Heraldo de Chihuahua, el primer automóvil en rodar por la entidad arribó a finales de 1902 de la mano del empresario Mauricio Calderón. Poco tiempo después apareció un segundo vehículo, propiedad del entonces gobernador Miguel Ahumada. Por varios meses, esos dos coches fueron los únicos en toda la capital.
Sin semáforos, sin congestionamientos, sin largas filas en las intersecciones, un encontronazo entre ambos parecía un imposible matemático. Y sin embargo, ocurrió.
El choque que nadie esperaba
Las memorias locales relatan que las dos máquinas se cruzaron en una misma vialidad y terminaron por impactarse. El saldo fue leve: los automóviles de entonces eran armatostes pesados y resistentes, así que los daños materiales quedaron en mera anécdota. Lo que perduró fue el asombro de una ciudad entera que descubrió, casi por accidente, que el futuro ya había llegado a sus calles.
El episodio funciona como un espejo del tiempo. Aquella urbe donde dos autos representaban una novedad absoluta hoy soporta embotellamientos diarios y cifras de siniestralidad que dejaron de sorprender hace décadas.
Una herencia que merece contarse
- El hecho confirma que los percances viales no son invento moderno, sino una consecuencia casi lógica del cruce entre máquinas y pavimento.
- Refleja la profunda desigualdad de la época: conducir un automóvil era privilegio de empresarios y figuras políticas.
- Forma parte de la memoria colectiva de Chihuahua y constituye un patrimonio cultural que pocas generaciones conocen.
La próxima vez que el tráfico te saque de quicio, haz la cuenta: hace cien años, chocar en Chihuahua requería una casualidad casi cósmica. Hoy basta con salir a la esquina.