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Estudiantes de la UNAM le ponen un alto a la IA sin conciencia: ecología, datos y derechos en juego

Jóvenes del IIMAS proponen un modelo de inteligencia artificial que dialogue con el medio ambiente, proteja la privacidad y no deje a nadie fuera. Una generación que exige tecnología con rostro humano.

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Imagen editada: Estudiantes de la UNAM le ponen un alto a la IA sin conciencia: ecología, datos y derechos en juego
Imagen editada: Estudiantes de la UNAM le ponen un alto a la IA sin conciencia: ecología, datos y derechos en juego

En los laboratorios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ya no se habla solo de algoritmos y modelos de lenguaje. Un grupo creciente de estudiantes alza la voz para denunciar lo que consideran tres vacíos urgentes en el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial: el impacto ambiental, el uso indiscriminado de datos personales y la exclusión de comunidades enteras.

El llamado salió desde el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS), uno de los semilleros más importantes del país en temas de cómputo y tecnología. Ahí, universitarias y universitarios coincidieron en que la carrera por entrenar modelos cada vez más grandes no puede seguir sacrificando bosques, agua ni derechos digitales.

El costo oculto que casi nadie dimensiona

Detrás de cada consulta a un chatbot, de cada imagen generada y de cada sistema de reconocimiento facial hay granjas de servidores que devoran energía y toneladas de agua para enfriarse. Los jóvenes recordaron que entrenar un modelo avanzado puede emitir tantas toneladas de CO₂ como las que producirían varios vuelos transatlánticos.

Para ellos, la pregunta ya no es si la IA puede hacer más cosas, sino a qué precio. Y ese precio, subrayan, lo están pagando comunidades que ni siquiera saben que interactúan con un sistema automatizado.

Privacidad: la herida que no cierra

Otro de los puntos críticos señalados es el uso de datos personales. Los estudiantes advirtieron que muchas herramientas se entrenan con información tomada sin consentimiento claro: rostros, voces, historiales clínicos, conversaciones privadas. La regulación mexicana, reconoció el grupo, camina varios pasos detrás de la tecnología.

  • Datos biométricos captados en calles y escuelas sin aviso público.
  • Historiales digitales usados para perfilar sin transparencia.
  • Falta de auditoría sobre lo que las grandes plataformas hacen con la información.

Inclusión, la deuda pendiente

La tercera alerta apunta a que la inteligencia artificial se piensa, entrena y aplica casi siempre desde pocos países y en pocas lenguas. El español de México, las variantes indígenas, los acentos regionales y las realidades rurales quedan fuera. El resultado, sostienen los universitarios, es una tecnología que reproduce desigualdades en lugar de cerrarlas.

La propuesta: una IA con acento mexicano

Frente al panorama, los jóvenes plantearon un modelo propio, con cuatro ejes:

  • Diseño sustentable que mida y reduzca la huella de carbono.
  • Políticas de privacidad auditables y entendibles para cualquier persona.
  • Entrenamiento con datos diversos y representativos del país.
  • Acceso abierto y educativo para que más voces decidan cómo se usa la IA.

La discusión no se quedó en el aula. Las y los estudiantes pidieron que empresas, gobierno y academia abran mesas de trabajo donde las decisiones no se tomen a puerta cerrada. También exhortaron a la población a informarse, preguntar y exigir que la inteligencia artificial no sea un privilegio de unos cuantos.

Desde Ciudad Universitaria, el mensaje fue claro: la próxima frontera tecnológica no se mide en capacidad de cómputo, sino en responsabilidad, memoria y justicia. Una generación que se niega a heredar un futuro digital con los mismos agujeros que el presente.

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