Golpe a Polestar: EE.UU. cierra la puerta a los coches con ADN chino
Polestar queda fuera del mercado de EE.UU. desde 2027. Su dueño, el gigante chino Geely, es el motivo. El coche se ensambla en Carolina del Sur, pero eso no salvó a la marca del veto. Washington apostó por la seguridad sobre los negocios.
Hay decisiones comerciales que pesan más que una multa, y la que acaba de recibir Polestar es de las que cambian el destino de una marca entera. El fabricante sueco de coches eléctricos —deportivo escandinavo por fuera, capital chino por dentro— recibió la negativa que llevaba meses temiendo: Estados Unidos le cerró la puerta y no le dará la autorización para vender vehículos nuevos a partir del año modelo 2027.
¿El motivo? Su accionista mayoritario es Geely, el gigante automotriz chino que controla también a Volvo, Lotus y otras firmas con pedigrí europeo. Esa herencia asiática es justo lo que la Norma de Vehículos Conectados busca mantener lejos del mercado estadounidense, y la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio aplicó la regla sin contemplaciones.
Seguridad nacional bajo la lupa
El fantasma que persigue a Washington no son los motores ni las baterías, sino algo más silencioso: el software y el hardware que conecta a los coches con el mundo digital. La normativa prohíbe que vehículos con tecnología china o rusa en sus sistemas de conectividad circulen por suelo estadounidense. ¿El motivo real? Evitar que esos autos se conviertan en ojos y oídos de Pekín en territorio americano, o peor, en blancos fáciles de hackeo y manipulación remota.
Las restricciones entran en cascada: el software cae primero, en 2027; el hardware llegará después, en 2030. Las marcas necesitan un permiso especial para seguir vendiendo, y Polestar simplemente no lo obtuvo.
La paradoja del coche ensamblado en casa
- El Polestar 3 se arma en Carolina del Sur desde 2024, dentro de la única planta de la marca en suelo estadounidense.
- Esos mismos vehículos también cruzan el Atlántico rumbo a Europa.
- El inventario ya existente sigue ofertándose sin problema, por ahora.
La ironía es brutal: ensamblado en Norteamérica, pero vetado por Norteamérica. El origen del capital que financió la operación pesa más que la ubicación geográfica de la línea de montaje.
La prima Volvo se salvó
Mientras tanto, la casa hermana Volvo —también controlada por Geely— logró una exención en mayo tras defender su caso hasta el último detalle. Polestar no corrió con la misma suerte, lo que deja al descubierto que las puertas de Washington no se cierran del mismo modo para todos.
¿Protección o proteccionismo?
La administración Trump presenta esta decisión como un escudo para la manufactura nacional. Los críticos la leen como un cerco selectivo a todo lo que huela a capital chino, incluyendo modelos armados dentro de las propias fronteras norteamericanas. Polestar se convierte así en la pieza más reciente de una política que probablemente no se detendrá aquí.
Lo que ocurra con la planta de Carolina del Sur y los empleos que sostiene queda en suspenso. Y la pregunta de fondo también está abierta: ¿cuántas marcas más caerán en la misma criba antes de que el mercado acepte la nueva geografía del auto eléctrico?