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La CDMX se reinventa: obras donde jugar es también permanecer

Intervenciones urbanas en la Ciudad de México transforman espacios públicos en lugares para jugar, convivir y quedarse. Un repaso por proyectos que cambian cómo habitamos la metrópoli.

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Imagen editada: La CDMX se reinventa: obras donde jugar es también permanecer
Imagen editada: La CDMX se reinventa: obras donde jugar es también permanecer

En una ciudad que durante décadas privilegió al automóvil y al transeúnte con prisa, una nueva camada de intervenciones urbanas está cambiando las reglas del juego, literalmente. Lo que antes eran banquetas grises, camellones abandonados o glorietas hostiles hoy se transforman en plazas lúdicas, módulos para escalar y módulos donde lo importante no es pasar, sino quedarse.

De la banqueta al patio de juego

La idea suena simple, pero implica un cambio de fondo: entender el juego como un acto urbano, no solo como un pasatiempo de infantes. En la Ciudad de México, colectivos de urbanismo táctico, diseñadores independientes y dependencias como la Secretaría de Obras y Servicios y la Autoridad del Espacio Público han empujado esta visión durante los últimos años, instalando estructuras que invitan a sentarse, escalar, conversar o simplemente mirar a los demás.

El resultado es un paisaje urbano en transición. Colores que contrastan con el gris del concreto, texturas que invitan al tacto, formas que rompen la monotonía de las calles. No se trata de adornos: son piezas que dialogan con el entorno y que, en muchos casos, nacen de procesos de diseño participativo con vecinas y vecinos de las colonias intervenidas.

Jugar como derecho, no como privilegio

Aquí el tema deja de ser estético y se vuelve político. La Constitución de la Ciudad de México, vigente desde 2018, reconoce expresamente el derecho a la ciudad, que incluye el acceso equitativo a espacios públicos de calidad. En una urbe donde la gentrificación ha empujado a familias enteras fuera de colonias como Roma, Condesa o Doctores, estas intervenciones funcionan como pequeños actos de resistencia: defienden la calle para el peatón, para el niño que quiere jugar y para el abuelo que solo busca una sombra y una banca.

"Cuando una plaza invita a quedarse, está diciendo que la ciudad también es para quien no tiene un departamento con rooftop", resume una arquitecta del colectivo detrás de uno de estos proyectos.

Lo que está en juego

Expertos en urbanismo consultados coinciden en que el verdadero reto no es instalar módulos llamativos, sino mantenerlos, conservarlos y evitar que terminen como旅游景点 de Instagram vacíos de vida cotidiana. El éxito se mide en algo muy concreto: si la gente vuelve, si los niños los adoptan, si las familias dejan de consumir en una plaza comercial para encontrarse en una plaza de a deveras.

  • Plazas lúdicas que combinan juego, descanso y áreas verdes.
  • Módulos interactivos instalados en colonias populares y zonas con déficit de espacio público.
  • Intervenciones temporales que sirven como prueba piloto antes de hacerse permanentes.
  • Diseños colaborativos construidos con la comunidad, no solo para ella.
  • Recuperación de banquetas y cruceros antes dominados por el automóvil.

Una ciudad que aprende a quedarse

El fenómeno no es exclusivo de la capital. Ciudades como Guadalajara, Monterrey y Mérida han sumado experiencias similares inspiradas, en parte, por el trabajo de urbanistas como Jan Gehl, quien lleva décadas insistiendo en que las ciudades deben diseñarse a escala humana. Pero en el caso de la CDMX, el contexto le da un matiz particular: una megalópolis de más de nueve millones de habitantes donde, paradójicamente, cada vez cuesta más encontrar un lugar para no hacer nada.

Por eso, más allá del color y la forma, estas obras plantean una pregunta incómoda: ¿para quién es la ciudad? Y, sobre todo, ¿qué estamos dispuestos a hacer para que sus habitantes puedan, simplemente, jugar.

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