Línea 3 del Metro va por su transformación: así será el cierre que viene en 2027
Clara Brugada anuncia la renovación integral de la Línea 3 del Metro, de Universidad a Indios Verdes. En 2026 se licita; en 2027 vendrán cierres por horarios y fines de semana. Más de 50 años de abandono.
Casi 700 mil usuarios diarios lo saben bien: cada mañana, cuando las puertas del convoy se abren con un quejido metálico, cruzan los dedos para llegar completos a su destino. La Línea 3 del Metro —esa espina dorsal que une el sur y el norte de la Ciudad de México desde hace más de cinco décadas— lleva años pidiendo a gritos una intervención a la altura de su historia. Y por fin, parece, alguien la escuchó.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, confirmó el calendario que millones de capitalinos esperaban con una mezcla de alivio y preocupación. El plan contempla una renovación integral que se cocinará a fuego lento durante 2026 y que obligará a los usuarios a cambiar hábitos en 2027.
El diagnóstico es crudo: medio siglo sin cirugía mayor
Para entender la urgencia hay que mirar hacia atrás. La Línea 3 fue de las primeras que se construyeron cuando el Sistema de Transporte Colectivo (STC) echó a andar, a finales de los años sesenta. Hoy, sus convoyes ya acumularon un kilometraje equivalente a darle 75 vueltas completas al planeta. El resultado se huele, se siente y se ve: envejecimiento prematuro de los trenes, vías con desgaste severo, sistemas eléctricos y de control que se quedaron atrapados en el siglo XX y una accesibilidad que brilla por su ausencia en la mayoría de las estaciones.
"No es un capricho, es una necesidad impostergable", ha sido el tono desde el Gobierno capitalino, consciente de que tocar una línea tan transitada equivale a operar a corazón abierto.
2026: la calma antes de la tormenta
Este año será, paradójicamente, el más amable con los usuarios. La administración capitalina lanzará la licitación pública para adjudicar los contratos de renovación, pero los primeros trabajos se concentrarán en los talleres del sistema, lejos de las vías. Es decir: nada de estaciones cerradas todavía. Las obras arrancarán en zonas donde el usuario promedio ni se entera.
Este modelo no es nuevo. La propia Línea 1 ya pasó por un proceso similar de modernización que incluyó cambio de vías, sustitución de trenes con la incorporación de convoyes de origen chino y renovación de sistemas de pilotaje automático. La diferencia es que ahora el reflector apunta a la Línea 3.
2027: el año que incomoda
Aquí viene la parte que a nadie le gusta escuchar. Cuando la intervención llegue a la zona de vías, programada para 2027, los usuarios enfrentarán cierres parciales: por horarios y durante fines de semana. La estrategia busca minimizar el caos en horas pico, pero inevitablemente golpeará la rutina de cientos de miles de personas.
La experiencia reciente con obras en otras líneas ha dejado lecciones claras: la clave está en la comunicación anticipada y en ofrecer alternativas reales de transporte. La Red de Movilidad Integrada —con opciones como Metrobús, Trolebús y la propia Línea B del Cablebús— tendrá que absorber parte de la demanda.
¿Por qué importa ahora?
La decisión no llega en el vacío. La tragedia de la Línea 12 en mayo de 2021, donde un tramo elevado colapsó cobrándose la vida de 26 personas, puso en jaque a todo el sistema y aceleró una revisión integral de la infraestructura. Desde entonces, el STC Metro ha vivido bajo una lupa permanente: denuncias por retrasos crónicos, vagones averiados, escaleras fuera de servicio y estaciones con filtraciones forman parte del paisaje cotidiano.
Renovar la Línea 3 no es solo cambiar rieles: es intentar recuperar la confianza de un usuario que, durante años, ha visto cómo el Metro que lo transporta se deteriora más rápido que las promesas de mejorarlo.