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Manejar estándar no es nostalgia: la neurociencia dice que entrena tu cerebro

Investigadores de la Universidad de Tohoku, creadores de Brain Age, comprobaron que cambiar marchas activa la corteza prefrontal, la zona del cerebro responsable de la memoria y la atención. En México, los automáticos también dominan el mercado.

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Imagen editada: Manejar estándar no es nostalgia: la neurociencia dice que entrena tu cerebro
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Un estudio japonés lo confirma: cambiarte al automático te cuesta más de lo que crees

Durante décadas se nos vendió la comodidad como la meta final de cualquier evolución tecnológica. Coches que se manejan solos, transmisiones que piensan por ti, asistentes que corrigen cada error antes de que lo notes. Pero un equipo de neurocientíficos en Japón acaba de ponerle nombre científico a una sospecha que muchos conductores guardaban en silencio: aprender a manejar estándar no es un capricho nostálgico, es un escudo contra el deterioro del cerebro.

La investigación, liderada por el profesor Ryuta Kawashima —el mismo neurocientífico detrás de la exitosa saga Brain Age de Nintendo—, reveló que la coreografía completa de conducir un vehículo con caja manual enciende una zona del cerebro que los coches automáticos apenas rozan: la corteza prefrontal.

Por qué tu cerebro se ejercita cada vez que cambias de marcha

La corteza prefrontal es el área donde se procesa la memoria de trabajo, la atención sostenida y la toma de decisiones bajo presión. Es, literalmente, el músculo ejecutivo de la mente. Y resulta que activarla no requiere suscripción a un gimnasio cerebral de mil pesos al mes: basta con coordinar embrague, freno, acelerador y palanca mientras se lee el flujo del tráfico.

  • Leer la velocidad a la que van los coches que te rodean.
  • Pisar el embrague en el momento exacto.
  • Seleccionar la marcha correcta sin pensarlo demasiado.
  • Dosificar el acelerador para no tirones.

Esa cadena de decisiones simultáneas obliga al cerebro a mantener una atención continua. Japón, el país con la población más envejecida del mundo desarrollado, ve en ese ejercicio cotidiano una forma accesible y efectiva de retrasar el desgaste cognitivo. Si lo ofreciera un laboratorio farmacéutico, costaría una fortuna; viene incluido en algo que casi todos aprendimos rumbo a los 18.

El dato que incomoda a la industria automotriz

Mientras la neurociencia reivindica al coche manual, el mercado lo está mandando al deshuesadero. En Japón, según cifras del medio especializado Best Car, los autos con transmisión de cambios representan apenas entre el 1 y el 2 por ciento de las ventas totales. El resto del mundo, incluido México, sigue una curva idéntica: las cajas automáticas e híbridas ya son la nueva normalidad en las concesionarias.

Esto significa que una habilidad que durante generaciones marcó el rito de paso a la adultez —aprender a quemar clutch en una subida, dominar el punto de fricción, escuchar al motor como si fuera un instrumento— está en vías de extinguirse. Y lo hace justo cuando la ciencia le reconoce un beneficio que ni los propios fabricantes habían imaginado.

¿Y en México qué?

La Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara viven una transición acelerada hacia los automáticos, empujadas por el tráfico infernal y la creciente oferta de SUVs híbridas. Pero aún quedan reductos donde el estándar sobrevive: los autos deportivos que aún se importan con palanca, los modelos de entrada asiáticos y, sobre todo, los taxistas y traileros que aprendieron a manejar en carreteras donde la caja automática simplemente no existía.

Si tienes la oportunidad de subirte a un Tsuru, una Rangerold o cualquier coche con palanca de velocidades, no lo veas como algo anticuado. Acabas de leer que esa práctica podría ser, según la ciencia japonesa, una de las rutinas más completas para mantener tu mente despierta mientras envejeces.

La próxima vez que alguien te ofrezca un automático "por tu bien", quizás valga la pena preguntar: ¿a cuál bien exactamente nos referimos?

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