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Steve Jobs interrumpía sus vacaciones para acosar a sus empleados con llamadas de trabajo

El cofundador de Apple no se desconectaba ni en sus días libres. Tony Fadell revela que Jobs llamaba hasta seis veces al día a su equipo, presionándolos para desarrollar nuevos productos.

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Imagen editada: Steve Jobs interrumpía sus vacaciones para acosar a sus empleados con llamadas de trabajo
Imagen editada: Steve Jobs interrumpía sus vacaciones para acosar a sus empleados con llamadas de trabajo

Pocas figuras en la historia empresarial moderna han sido tan míticas como contradictorias como Steve Jobs. El hombre detrás del iPhone, del Mac y de la revolución digital de Apple es recordado como un genio creativo, pero también como un jefe implacable que no entendía de horarios ni de vacaciones.

Ahora, un testimonio de primera mano sacudió a la comunidad tecnológica: Tony Fadell, conocido como el padre del iPod, reveló la trastienda de lo que sucedía cuando el cofundador de Apple se tomaba - teóricamente - un descanso.

Seis llamadas diarias... y contando

Según Fadell, las vacaciones de Steve Jobs no eran sinónimo de desconexión, sino de intensidad redoblada. Con el pretexto de "reflexionar sobre el próximo gran producto", el ejecutivo dedicaba esas jornadas a una actividad muy particular: llamar a sus empleados.

¿Una vez al día? No. ¿Dos? Tampoco. Jobs llegaba a marcar hasta seis veces en un solo día, buscando opiniones sobre adquisiciones, prototipos y el futuro de la marca.

  • Las llamadas incluían consultas sobre posibles compras de otras empresas.
  • También servían para tantear ideas sobre nuevos productos.
  • Se discutían avances técnicos directamente con ingenieros.

Del halago a la pesadilla

En un inicio, los empleados recibían estas llamadas con entusiasmo. Ser contactado por Jobs significaba que el CEO confiaba en su criterio. "Me llamaba para pedirme consejo", relatan algunos testimonios.

Sin embargo, la ilusión se transformó rápidamente en agotamiento. La presión de responder de inmediato a llamadas sobre estrategia empresarial, estando en bikini en la playa o con la familia en Disney, convirtió la experiencia en una auténtica tortura.

¿La peor parte? La presión no se quedaba en el teléfono. Las llamadas abrían nuevas líneas de trabajo, peticiones urgentes y exigencias que convertían las vacaciones del empleado en una extensión disfrazada del día a día en Cupertino.

Un cerebro que nunca se apagaba

Fadell describe estas conversaciones como enriquecedoras e intensas en partes iguales. Para Jobs, las vacaciones no eran para descansar, sino para pensar fuera del bullicio cotidiano de la empresa.

Era su método personal para escapar de la rutina y aterrizar ideas que sacudirían mercados enteros. Mientras el mundo veía a un hombre navegando en su yate o recorriendo Japón, su mente seguía diseñando el siguiente dispositivo que cambiaría la historia.

El relato completo de Tony Fadell fue compartido en un pódcast de apenas siete minutos, una cápsula que retrata a la perfección la cultura obsesiva que se vivía dentro de Apple durante la era Jobs.

Una historia que confirma que la genialidad, a veces, también deja cicatrices.

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