Tom Hanks desafía a la crítica: hay una película mejor que Casablanca y Ciudadano Kane
Durante los Oscar de 1992, el actor rompió el guion del homenaje para defender una cinta de 1963 que, según él, supera a los grandes clásicos del cine. La razón detrás de su elección tiene nombre y apellido: Ray Harryhausen.
Hay afirmaciones que pueden sonar a herejía cinematográfica. Decir que existe una película superior a Casablanca o Ciudadano Kane equivaldría, para muchos cinéfilos, a insultar dos pilares sagrados del séptimo arte. Sin embargo, Tom Hanks lo dijo sin titubear frente a millones de espectadores en una de las ceremonias más importantes del planeta.
Un pronunciamiento inesperado
Era la gala de los Premios Oscar de 1992 cuando el actor, dos veces ganador de la estatuilla dorada, tomó el micrófono junto al escritor de ciencia ficción Ray Bradbury. La misión era rendir tributo a una leyenda de los efectos especiales. Lo que ninguno de los presentes anticipaba era la defensa apasionada que soltaría a continuación.
Hanks soltó la frase que aún hoy circula entre los nostálgicos del cine: hay un filme que, en su opinión, merece el trono que usualmente se le otorga a los clásicos inobjetables. Se trata de Jason y los Argonautas, una producción de 1963 que muchos recordaban como una simple aventura mitológica, pero que el intérprete de Forrest Gump reivindica con fervor.
El héroe anónimo detrás de la película
Para entender el por qué de su elección, hay que mirar más allá de la pantalla. El verdadero protagonista de aquella defensa silenciosa fue Ray Harryhausen, un animador estadounidense que revolucionó la industria con una técnica que parecía magia en su época: la stop-motion cuadro por cuadro, bautizada como Dynamation.
- Harryhausen logró fusionar criaturas fantásticas con escenarios y actores reales de una forma nunca antes vista.
- Su trabajo permitió que esqueletos animados pelearan contra seres humanos en pantalla con una fluidez aterradora.
- El método fue tan vanguardista que influyó a generaciones enteras de cineastas, desde Steven Spielberg hasta Guillermo del Toro.
La escena que justifica todo
Si hay un momento que resume el genio de Harryhausen y que justifica el entusiasmo de Hanks, ese es la batalla de Jason contra los esqueletos. La secuencia, construida animación cuadro por cuadro, se convirtió en una referencia obligatoria del género. Su ritmo, su coreografía imposible y la personalidad casi juguetona de aquellos guerreros óseos la convirtieron en un ícono cultural.
El propio Hanks lo resumió con una expresión tan peculiar como memorable: definió la secuencia como poptitude óptica, una manera muy suya de mezclar lo popular con lo sublime. Poca gente logra describir con dos palabras inventadas la esencia de un truco visual que lleva más de seis décadas hipnotizando a las audiencias.
Un debate que sigue vigente
Aunque las listas del American Film Institute siguen colocando a Casablanca y Ciudadano Kane en la cima, la opinión de Hanks abrió una puerta interesante: el cine no solo se mide por guion o dirección, sino también por la imaginación visual que puede arrancar un suspiro. Y en ese terreno, Harryhausen era un poeta del movimiento detenido.
Más de treinta años después de aquella declaración, las redes sociales rescatan periódicamente el video del momento. Y cada vez que aparece, el debate se enciende de nuevo entre quienes defienden al cineasta pionero y quienes se aferran a los clásicos de siempre.
Quizás lo más valioso de la anécdota no sea quién tiene razón, sino el recordatorio de que detrás de cada gran clásico hay manos invisibles que merecen ser reconocidas. Y Tom Hanks, esa noche de 1992, decidió sacarlas a la luz.