Xochimilco redescubre el sabor: el mercado agroecológico que enseña a niños que la manzana sabe a manzana
En el Parque Ecológico de Xochimilco, decenas de pequeños productores venden cada domingo alimentos agroecológicos nacidos de la tierra CDMX. Su Mercado Alternativo nació en 2021 y hoy conecta a consumidores con el campo que aún vive en la capital.
Hay descubrimientos que no requieren ciencia ni tecnología, solo una rebanada de fruta en la mano de un niño. En el corazón del Parque Ecológico de Xochimilco, cada domingo se vive una de esas pequeñas revelaciones colectivas: la de volver a confiar en el sabor auténtico de los alimentos que dan las chinampas, los cerros y los bosques del sur de la Ciudad de México.
El Mercado Alternativo de Xochimilco, conocido como MAX, no es un tianguis más. Funciona como un punto de encuentro semanal donde cooperativas campesinas, proyectos familiares y emprendimientos locales colocan sobre una mesa compartida cosechas que rara vez llegan a los supermercados. Quesos de cabra, carnes de conejo, hortalizas recién arrancadas, salsas y aderezos preparados con recetas que han viajado de generación en generación.
Una semilla que germinó en Tlalpan
La historia empieza mucho antes de Xochimilco. Durante ocho años, un grupo de productores trabajó en el Mercado Alternativo de Tlalpan, donde construyó una comunidad sólida en torno a la economía solidaria. En 2021, ese mismo equipo decidió expandir su modelo y se acercó tanto al Parque Ecológico como a la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México para sumar un nuevo espacio al sur de la capital.
La tarea no fue menor: coordinar a quienes trabajan la tierra —muchas veces aislados, sin acceso a canales de comercialización justos— con consumidores urbanos que, paradójicamente, han perdido el contacto con lo que comen.
- Campesinos que aún cultivan en chinampas y ladera.
- Profesionistas que eligieron regresar al campo.
- Cocineras tradicionales que preservan técnicas ancestrales.
- Emprendimientos familiares que procesan los alimentos.
La voz de sus coordinadoras
Ollin Aguilar y Balbina Pérez son las coordinadoras de este proyecto. Bajo su liderazgo, el MAX abrió sus puertas formalmente el 19 de diciembre de 2021, pocos meses después de la reapertura del Parque Ecológico de Xochimilco. Su propuesta apunta a algo elemental: ofrecer productos sustentables a un precio justo, en un espacio digno donde el productor y el consumidor se miren a los ojos.
El campo que sostiene a la capital
Pocas personas lo saben, pero casi el 59% de la superficie de la Ciudad de México está formada por zonas forestales y rurales. Ahí viven y trabajan quienes llevan cada domingo sus alimentos al MAX:
- Tlalpan.
- Milpa Alta.
- Tláhuac.
- Xochimilco.
- Magdalena Contreras.
- Álvaro Obregón.
- Cuajimalpa.
Estos pueblos originarios siguen produciendo frente a una ciudad que, cada vez más, depende de alimentos empaquetados y viajó cientos de kilómetros.
Reconectar paladares, reconectar memorias
El efecto del MAX se mide mejor en sonrisas. La de ese niño que muerde una manzana imperfecta —chica, asimétrica, sin brillo de cera— y confirma lo que muchos adultos ya olvidaron: sí sabe a manzana. La del comprador adulto que prueba por primera vez un queso artesanal y entiende de inmediato que existe una diferencia abismal entre lo natural y lo industrial.
En tiempos donde la alimentación se ha vuelto un acto mecánico y distante, este mercado alternativo devuelve al menos una certeza básica: lo bueno de la tierra sabe mejor cuando se conoce a quien lo cultiva.