A la cuarta va la vencida: Keiko Fujimori conquista Perú por apenas 49 mil votos
Después de tres caídas consecutivas, Keiko Fujimori finalmente se impone en las elecciones peruanas con una diferencia mínima sobre Roberto Sánchez. Analizamos las claves de un triunfo tan ajustado como histórico.
Lima — La cuarta vez fue la definitiva. Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, logró por fin cruzar la línea que durante quince años se le había negado: la presidencia de Perú. Lo hizo con una ventaja tan estrecha que cabe en una mesa de café: apenas 49 mil 641 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez, según el escrutinio final difundido por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
El resultado, cerrado con el 100% de las actas contabilizadas más de tres semanas después del balotaje del 7 de junio, coloca a Fujimori con el 50.135% de los sufragios válidos frente al 49.865% de su rival. Es uno de los márgenes más ajustados que se recuerden en una elección presidencial peruana contemporánea.
¿Por qué ahora y no antes?
A sus 51 años, Fujimori había disputado tres balotajes previos y cayó en todos, derrotada por un adversario peculiar: no un partido, sino un sentimiento. El antifujimorismo, un movimiento sin estructura orgánica, sin siglas, sin líder visible, pero con una fuerza social capaz de neutralizar el arrastre del apellido más polémico de la política peruana.
Lo que cambió en esta elección puede resumirse en tres claves que reconfiguraron el mapa electoral:
- El antifujimorismo perdió fuerza. Quince años de desgaste han ido erosionando el rechazo visceral al apellido Fujimori. Las nuevas generaciones no cargan con la memoria viva del gobierno de su padre, marcado por la corrupción y las violaciones a derechos humanos. Lo que antes era un muro compacto hoy es, según analistas, una barrera más porosa.
- La fragmentación de la izquierda. Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, no logró consolidar al electorado progresista. La dispersión de candidaturas en primera vuelta dejó al candidato de izquierda sin el caudal necesario para repetir el efecto que llevó a Pedro Castillo al poder en 2021.
- Una campaña centrada en el miedo al caos. Fuerza Popular apostó por un discurso de estabilidad frente a lo que denominó "la amenaza comunista". La estrategia, probada con éxito en otras latitudes, encontró terreno fértil en un electorado cansado de la inestabilidad institucional y la violencia vinculada al crimen organizado.
Un triunfo que también es una derrota
Ganar por menos de 50 mil votos en un país de 34 millones de habitantes es, en los hechos, acceder al poder sin un mandato claro. Fujimori asume con una sociedad profundamente dividida y con la obligación de gobernar a quienes no la quieren. La pregunta que sobrevuela Lima es si esa delgadísima ventaja será suficiente para sostenerse en un Congreso que históricamente le ha sido hostil y frente a una oposición que ya anunció que no le dará tregua.
El fujimorismo vuelve al poder, pero lo hace con la fragilidad de quien gana en alfileres. La historia de los próximos cinco años se escribirá desde esa tensión inicial: una victoria que, en la práctica, es también un desafío mayúsculo para una mujer que cargó durante quince años con el peso de un apellido que dividió a todo un país.