Imputado por corrupción, pero el zapaterismo cultural sigue vivo en España
Desde Santiago de Chile, Rafael Gumucio reflexiona sobre cómo el legado cultural de Zapatero sigue marcando el debate español, aun con el expresidente enfrentando cargos judiciales.
Desde Santiago de Chile, el escritor Rafael Gumucio lanza una mirada incómoda hacia España. Una observación que incomoda porque toca un nervio que muchos prefieren no ver: el zapaterismo cultural sigue vivo, coleando en cada debate público, en cada decisión política, en cada frase de sus herederos.
¿Quién fue José Luis Rodríguez Zapatero? Gobernó España entre 2004 y 2011 con un discurso progresista, moderno, casi seductor. Retirada de Irak, ley de dependencia, matrimonio igualitario, diálogo con ETA. Un relato construido con palabras precisas y silencios calculados. Pero el tiempo, implacable, suele cobrar deudas. Y hoy el expresidente enfrenta imputación por corrupción, un trance que muchos españoles prefieren observar de reojo.
Una forma de pensar que no se apaga
Ocurra lo que ocurra en los tribunales, lo cierto es que España continúa pensando en los términos que dejó instalados Zapatero. No es nostalgia. Es estructura. Es un molde cultural que sigue dando forma a debates sobre memoria histórica, política territorial, derechos civiles y hasta la relación con América Latina.
La pregunta que formula Gumucio desde su columna es incómoda: ¿puede un país escapar del marco mental que le dejó un solo presidente? La respuesta parece inclinarse hacia el no. Los discursos de sus sucesores —de Pedro Sánchez hasta Alberto Núñez Feijóo— todavía cargan, queriéndolo o no, el eco de aquellas dos legislaturas.
El espejismo del progreso
El zapaterismo ofreció un relato de modernización ética. España dejaba atrás el pasado franquista, miraba hacia adelante, abrazaba Europa y, de paso, repensaba su vínculo con Latinoamérica. La promesa era nítida. La factura, como siempre, llegó después.
- Políticas sociales avanzadas, pero con una crisis económica heredada brutal en 2008.
- Diálogo con ETA que terminó en un final anunciado y trágico.
- Un estilo presidencial centrado en la comunicación que precarizó la deliberación parlamentaria.
Y ahora, las sombras judiciales. No son menores. Pero más allá del caso puntual, lo que el análisis de Gumucio desnuda es algo más profundo: un país que sigue discutiendo consigo mismo con las palabras que le prestó un solo hombre durante ocho años.
La mirada desde América Latina
Hay algo revelador en que esta reflexión llegue desde Santiago de Chile. Gumucio, escritor chileno formado entre ambos continentes, observa a España con la distancia justa para ver lo que los españoles no siempre quieren ver: que el zapaterismo se convirtió en una lengua materna cultural, en un código que se habla sin darse cuenta.
Para los lectores mexicanos, la comparación resulta inevitable. También acá hemos conocido relatos de líderes que marcaron época. También hemos presenciado cómo ciertas frases regresan una y otra vez, como fantasmas amables que nadie se atreve a desterrar del todo.
La advertencia de fondo es clara: los relatos políticos no mueren cuando caen sus autores. Se enquistan en la conversación pública, en los medios, en las sobremesas familiares. Y a veces, solo la distancia —o una imputación judicial— permite verlos por fin con claridad.