La Raíz.

Bogotá se tiñe de dos colores: la grieta colombiana que se tomó las calles

Colombia vive una fractura cívica sin precedentes: dos proyectos de país irreconciliables se han plantado cara a cara en las calles de Bogotá, entre reformas sociales y el miedo al cambio.

· 1 vistas
Imagen editada: Bogotá se tiñe de dos colores: la grieta colombiana que se tomó las calles
Imagen editada: Bogotá se tiñe de dos colores: la grieta colombiana que se tomó las calles

Bogotá despierta estos días con un rumor que no es solo de tráfico ni de mercados. Es un pulso ciudadano, una fractura que se siente en las aceras, en las plazas, en las redes y en las conversaciones de sobremesa. Colombia atraviesa uno de sus momentos más reveladores: dos proyectos de país irreconciliables se han plantado cara a cara en el corazón de su capital.

Por un lado, una marea de camisetas verdes y banderas arcoíris defiende las reformas sociales prometidas por el gobierno de Gustavo Petro. Por el otro, un mar blanco, con camisetas de la selección y gargantas enronquecidas, reclama el freno a lo que consideran un salto al vacío institucional. La escena es casi coreográfica: dos multitudes que comparten ciudad, transporte y hasta familia, pero que se miran como si habitaran países distintos.

La disputa por el relato

Lo que ocurre en la Plaza de Bolívar no es nuevo en la historia latinoamericana, pero sí particularmente agudo. Cada cierto tiempo, las sociedades de la región se parten en dos cuando aparece un líder que se atreve a cuestionar el orden establecido. Esta vez el péndulo no se mueve entre izquierda y derecha clásica, sino entre dos lecturas de la democracia: una que pide transformación profunda y otra que exige estabilidad a toda costa.

El primer gobierno de izquierda en la historia colombiana llegó con una promesa ambiciosa: paz total, transición energética, reforma agraria, igualdad de género y justicia social. Para sus defensores, cada marcha es un recordatorio de que la esperanza sigue viva. Para sus detractores, cada marcha es la señal de alerta de que el país se dirige hacia los fantasmas que la Guerra Fría dejó sembrados en la memoria colectiva.

Tres Colombia en una sola

  • Una abuela con sombrero marchó toda la mañana porque, dice, "ya no quiero que mis nietos pasen hambre".
  • Un comerciante del centro bajó la persiana porque, asegura, "con estas reformas no me salen las cuentas".
  • Una estudiante universitaria lleva meses durmiendo en tiendas de campaña, convencida de que "este es el momento de cambiarlo todo".

Tres Colombia distintas, un solo territorio, una conversación pendiente desde hace décadas. Las calles bogotanas, mojadas por una llovizna pertinaz que parece alegórica, se han convertido en un teatro donde se representa algo más grande que una disputa electoral.

¿Hablar antes que disparar?

Lo que estas jornadas están dejando claro es que la democracia colombiana no se reduce a un cheque en blanco. Es tensión, es duda, es debate, es el ruido de una sociedad que se niega a dormirse. Ni los aplausos ciegos ni los rechazos absolutos sirven para entender lo que está pasando. Lo que sirve, quizá, es escuchar al otro sin convertirlo inmediatamente en enemigo.

La pregunta que queda flotando en el aire bogotano no es si las reformas pasarán o serán derogadas. Es si esta sociedad, acostumbrada a negociar entre balas y acuerdos, logrará hacerlo esta vez con palabras, en plazas abiertas, sin que la sangre vuelva a escribirse con mayúscula. La historia de Colombia se escribe ahora a dos voces, y las páginas en blanco esperan.

Más en Internacional

Imputado por corrupción, pero el zapaterismo cultural sigue vivo en España
Internacional ⚠️ Corrupción 🔎 Investigación
Los héroes del Mundial nacieron lejos de casa
Internacional
La Feria del Libro de Buenos Aires abre fracturada: arte, política y un país que se desangra en público
Internacional
Vivir solos y conectados: la pandemia silenciosa que nadie nombra
Internacional