La Raíz.

El dios hambriento: cuando Nezahualcóyotl aprendió a respirar de nuevo

Enrique Serna reimagine a Nezahualcóyotl caminando entre guerreros acolhuas en Tlatelolco. Un relato breve donde la prosa afilada del narrador mexicano convierte la mañana en un acto de poesía y sobrevivencia.

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Imagen editada: El dios hambriento: cuando Nezahualcóyotl aprendió a respirar de nuevo
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La ficción que muerde la historia

Imagínense abrir los ojos en Tlatelolco cuando todavía flota el humo de las batallas sobre los techos. Imagínense ser Nezahualcóyotl, el poeta que escribía como si el corazón le pesara más que la corona, y despertar una mañana en la que el aire sabe a milagro. Eso es exactamente lo que ofrece El dios hambriento, el nuevo relato de Enrique Serna publicado en la sección de ficción de Letras Libres, y es el tipo de texto que te obliga a suspender la respiración del lector para devolvérsela convertida en otra cosa.

Basta un párrafo para quedar enganchado. El narrador —que es él, que también somos todos— sale de su casa mientras los guerreros acolhuas aún acampan en los patios. La frase con la que Serna describe esa salida no es adorno: es el tono de un autor que entiende que la respiración también es literatura, y que el silencio después de una guerra contiene más verdad que muchos manifiestos.

Quien escribe, decide

Enrique Serna es de esos narradores incómodos. Mexicano, urbanísimo, capaz de pasar de la sátira más filosa al susurro místico sin perder el pulso. Su pluma ha recorrido la Ciudad de México como una radiografía paciente, de El sueño de Amadeo Cabrera a sus novelas recientes sobre poder, farsa y memoria, y siempre vuelve al mismo lugar: la pregunta por el peso que el poder ejerce sobre los cuerpos y las palabras.

En El dios hambriento esa pregunta se vuelve especular. ¿Qué siente un rey-poeta después de sobrevivir a su propia destrucción? ¿Qué hambre lo devora, literal y simbólica, cuando ya no queda palacio donde esconderse? Serna no responde con tesis: responde con imágenes, con el ritmo exacto de un hombre que vuelve a respirar el mundo por primera vez.

Por qué leerlo ahora

  • Reinvindica al Nezahualcóyotl humano. No el de los manuales escolares, sino el que amó, guerreó y escribió en noches sin luna, hambriento de palabras tanto como de aire.
  • Conecta pasado y presente. La ligereza espiritual del protagonista es también la nuestra: la necesidad urgente de salir al mundo después de cualquier tormenta que nos haya encerrado.
  • Es Serna en estado puro. Su prosa camina entre el ensayo y el poema, y este relato breve es una muestra brillante de esa mezcla sin costuras.
  • Llega en formato perfecto. La sección de ficción de Letras Libres lo aloja como pieza corta, ideal para una pausa de café que termina en anotación al margen.

El contexto importa

La pieza forma parte de la apuesta de Letras Libres por relatos breves de largo aliento, esa zona donde la novela histórica dialoga con el presente sin pedir permiso. El dios hambriento se inscribe en esa corriente y la empuja un paso más allá: no se limita a recontar al rey texcoco, sino que lo deja caminar, dudar, respirar frente al lector.

Para los lectores de La Raíz, este es el tipo de ficción que vale la pena leer despacio, subrayando, dejándose doler por las frases precisas. Porque cuando un autor mexicano decide volver la mirada hacia un gigante como Nezahualcóyotl, lo que está haciendo es recordarnos que la literatura mexicana sigue teniendo hambre, y que esa hambre, lejos de ser una debilidad, es exactamente lo que la mantiene viva, lúcida y necesaria.

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