Susan Sontag: la voz incómoda que el siglo XXI no quiere escuchar
La autora de 'Sobre la fotografía' y 'Ante el dolor de los demás' dejó una herencia provocadora. Casi dos décadas después, sus palabras sobre fascismo, guerra y cultura siguen siendo un espejo incómodo para nuestra época.
Hay escritoras que se leen y se archivan. Susan Sontag no. Susan Sontag se lee y se discute, se confronta, se polemiza. Casi dos décadas después de su muerte, sus textos siguen siendo una especie de cuchillo afilado que se rehúsa a guardarse en el cajón de los clásicos cómodos.
La pensadora neoyorquina nunca quiso ser neutral. Mientras medio mundo intelectual se acomodaba en la tibieza del consenso, ella insistía en que la neutralidad frente al sufrimiento es una forma de complicidad. Lo demostró en Sarajevo, en 1993, cuando bajo las bombas serbias dirigió una puesta en escena de Alicia en el país de las maravillas. Lo escribió en ensayos como Ante el dolor de los demás, donde desnudó cómo las imágenes de guerra terminan convertidas en espectáculo que se consume con palomitas.
El "camp" como trinchera estética
Su famoso ensayo Notas sobre lo "camp", publicado en 1964, sigue siendo una de las lecturas más refrescantes sobre estética y política cultural. Para Sontag, lo camp no era superficialidad: era una manera de mirar el mundo con ironía en tiempos de solemnidad impostada. En un país como México, donde la cultura oficial suele disfrazar de seriedad lo que es simple aburrimiento, su propuesta resulta más vigente que nunca.
- La estética como terreno político, no solo decorativo.
- El humor como herramienta crítica frente al poder.
- La sensibilidad como compromiso, no como debilidad.
Fascismo y sociedad de masas: el ensayo que no envejece
Cuando Sontag escribió Debajo del signo de Saturno y reflexionó sobre el fascismo, no lo hizo desde la academia aséptica. Lo hizo con rabia lúcida, con la convicción de que comprender una catástrofe no significa justificarla. En una época en la que los discursos de odio regresan disfrazados de "libertad de expresión" y la violencia se viraliza a través de pantallas, sus palabras siguen siendo una alerta encendida.
La tarea del escritor, según Sontag
Para ella, escribir era un acto de resistencia contra la banalidad. La frase que mejor define su ética intelectual es aquella donde sostuvo que el escritor no es solo un testigo: es responsable de lo que nombra. En tiempos donde las redes sociales premian el ruido y castigan la profundidad, recuperar a Sontag es casi un acto de rebeldía intelectual.
Por qué importa leerla hoy, desde México
En librerías de viejo de la Ciudad de México, en programas universitarios de provincia, en conversaciones clandestinas entre lectores que desconfían del discurso único, sus ensayos siguen vivos. Su vigencia no es nostalgia: es necesidad. Mientras las imágenes de violencia compitan por nuestra atención, mientras el fascismo se disfrace de meme, mientras la cultura se mida por likes y no por ideas, la herencia de Sontag seguirá siendo una provocación necesaria.
Leer a Susan Sontag hoy no es un ejercicio académico. Es, en palabras que ella misma aprobaría, una manera de negarse a la comodidad.