La CDMX ladra más de lo que habla: así se volvió la ciudad más perrona del país
Perros callejeros, de adopción, de raza y lomitos de Tlalpan: la CDMX tiene más canes que varios estados enteros. Esto dicen los datos y la cultura chilanga.
Hay algo que ningún chilango va a negar: en esta ciudad hay más perros que políticos con sonrisa. Las calles de la CDMX respiran un ritmo perruno que va desde el lomito que cruza Insurgentes como si fuera suyo, hasta el pug disfrazado que sube al Metrobús sin que nadie lo mire raro.
México, en general, ostenta el título oficioso de país más perrón del mundo. Pero la capital lleva ese estandarte con un orgullo particular: en las colonias, en los parques, en los mercados, los perros no son compañía, son familia extendida. Y los números lo comprueban.
Una población que ladra
De acuerdo con datos del INEGI, en México existen alrededor de 25 millones de perros, y la CDMX concentra una proporción notable de esa población. Encuestas recientes sugieren que en los hogares capitalinos hay más canes que niños en edad preescolar en algunas alcaldías.
- Benito Juárez, Coyoacán y Tlalpan encabezan las alcaldías con mayor densidad perruna.
- Cerca del 70% de los hogares chilangos tiene al menos una mascota, y el perro domina la lista.
- La adopción responsable ha crecido en los últimos cinco años, aunque el comercio informal sigue siendo un problema serio.
El negocio de ser perrón
Ser una ciudad perrona también mueve dinero. Tiendas de barrio, veterinarias 24 horas, estéticas caninas, restaurantes pet friendly y hasta funerarias para mascotas forman un ecosistema económico que factura miles de millones de pesos al año. Las redes sociales, además, convirtieron a muchos lomitos en verdaderas microcelebridades con patrocinadores y todo.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. La cultura de la tenencia responsable todavía pelea contra décadas de abandono. Organizaciones civiles reportan que la sobrepoblación callejera en zonas como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Tláhuac sigue siendo crítica, y los sacrificios económicos para mantener a una manada callejera esterilizada son enormes.
Lo que el perro refleja del chilango
Quizás por eso la relación chilango-perro es tan honesta. El perro no juzga la colonia, no cobra predial, no exige nada más allá de una croqueta y un poco de cariño. En una ciudad donde la prisa, la crisis y el tráfico gastan al ánimo, el lomito ofrece algo que escasea: presencia sin condiciones.
Una ciudad perrona no es solo la que tiene muchos perros. Es la que entiende que compartir el espacio con ellos también habla de cómo nos tratamos entre nosotros. Y si algo sabemos los chilangos, es que cuando un perro llega a una familia, no se va. Ladra, muerde un zapato, duerme en la cama y se queda para siempre.